Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana

 

Volumen 77, núm. 3, A091025, 2025

 

http://dx.doi.org/10.18268/BSGM2025v77n3a091025     

 

Geomorfología y paleosuperficies gondwánicas en el Paraguay central

Geomorphology and gondwanic paleosurfaces in central Paraguay

 

Christian F. Colman1,2,*, Oscar A. Martínez2, Francisco S.B. Ladeira3, Jorge Rabassa4, Narciso Cubas1, Emilia Y. Aguilera5, Yennifer Sarubbi Jacks1, Edher Z. Herrera6, Magna M. Monteiro7, Christian Sánchez8

1 Departamento de Geología, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Campus Universitario. Km 11, C.C. 1039-1804, San Lorenzo, Paraguay.

2 Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Ruta 259, Km 16, Campus Ing. Aldo López Guidi, U9200, Esquel, Argentina.

3 Instituto de Geociências, Universidade Estadual de Campinas. Rua Carlos Gomes 250, CEP: 13083-855, Campinas, Brasil.

4 Centro Austral de Investigaciones Científicas. Bernardo Houssay 200, V9410, Ushuaia, Argentina.

5 Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata. Calle 60 y 122, 1900, La Plata, Argentina.

6 Departamento de Física, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Campus Universitario. Km 11, C.C. 1039 - 1804, San Lorenzo, Paraguay.

7 Laboratorio de Bio y Materiales, Facultad Politécnica, Campus Universitario. Km 11, C.C. 10391 - 804, San Lorenzo, Paraguay.

8 Comisión Nacional de Energía Atómica, Dirección General de Investigación Científica y Tecnológica, Campus Universitario. Km 11, C.C. 1039 – 1804, San Lorenzo, Paraguay.

* Autor para correspondencia: (C.F. Colman) This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. 

 

Cómo citar este artículo:

Colman, C.F., Martínez, O.A., Ladeira, F.S.B., Rabassa, J., Cubas, N., Aguilera, E.Y., Sarubbi Jacks, Y., Herrera, E.Z., Monteiro, M.M., Sánchez, C., 2025, Geomorfología y paleosuperficies gondwánicas en el Paraguay central: Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana, 77(3), A091025. http://dx.doi.org/10.18268/BSGM2025v77n3a091025  

 

Manuscrito recibido: 28 de Enero, 2025. Manuscrito corregido: 5 de Septiembre, 2025. Manuscrito aceptado: 7 de Octubre, 2025.

RESUMEN

En el Paraguay central se han identificado un total de 207 relictos de superficies planares, en algunos de los cuales se han preservado formas relictuales de meteorización mayores y menores, así como restos de perfiles de meteorización química profunda y que, por ello, son considerados remanentes de superficies grabadas o etchplains. Estas formas planares suavemente onduladas, distribuidas a lo largo de los diferentes bloques tectónicos que bordean el Rift de Asunción-Sapucai-Villarrica (RASV), son el resultado de la meteorización química profunda de rocas ígneas, rocas sedimentarias paleozoicas y mesozoicas, seguido de la posterior exhumación y erosión durante el Cretácico superior al Eoceno. En este estudio se describen e interpretan sitios representativos de estas paleosuperficies gondwánicas, incluyendo paisajes graníticos y pseudograníticos, se analizan ejemplos singulares como la “Piedra Equilibrista de Paso Carreta (PEPC)” y se presenta un esquema geomorfológico que constituye el primer producto cartográfico sobre este tema a escala regional para el área estudiada.

Palabras clave: superficies de planación, meteorización química profunda, formas grabadas, perfiles lateríticos, paisaje pseudogranítico.

ABSTRACT

In central Paraguay, a total of 207 relict planar surfaces have been identified, in some of which both major and minor relictual forms of weathering, as well as remnants of deep chemical weathering profiles, have been preserved. They are therefore considered remnants of etchplains. These smooth planar forms, distributed along the different tectonic blocks bordering the Asuncion-Sapucai-Villarrica Rift (ASVR), are the result of deep chemical weathering of igneous rocks and Paleozoic and Mesozoic sedimentary rocks. This is followed by subsequent exhumation and erosion from the Late Cretaceous to the Eocene. This study describes and interprets representative sites of these Gondwanan paleosurfaces, including granitic and pseudogranitic landscapes. It analyzes singular examples such as the “Piedra Equilibrista de Paso Carreta (PEPC)”, and presents a geomorphological map that constitutes the first cartographic product on this subject at a regional scale for the studied area.

Keywords: planation surfaces, deep chemical weathering, etchforms, lateritic profiles, pseudogranitic landscape.

 

1. Introducción

Las superficies grabadas o etchplains son superficies relativamente planas con formas suavemente redondeadas de poca altura. Son paisajes heredados muy antiguos que forman parte de muchos paisajes actuales (Wayland, 1933; Thomas, 1965; Büdel, 1969). Se desarrollaron en dos estadios evolutivos (Twidale, 1990, 1999, 2002). En una primera etapa, donde actuó la meteorización química profunda durante largos periodos de tiempo geológico (Twidale, 1987; Migoń y Lidmar-Bergström, 2002; Migoń, 2013), generando los perfiles de meteorización química (saprolito y regolito) que pueden alcanzar decenas de metros de espesor (Eswaran y Chaw Bin, 1978; White, 2002; Migoń, 2006). En estos niveles de alteritas son frecuentes las acumulaciones de óxidos de hierro en la parte superior y sulfuros en la parte inferior, con altas concentraciones de neominerales y muchas veces con costras endurecidas (Migoń, 1996, 2013). Los perfiles de meteorización se limitan en profundidad por el frente de meteorización (Mabbut, 1961; Twidale y Vidal Romaní, 2004).

Durante la segunda etapa se produce la exhumación (por tectónica o cambio climático) de los terrenos y el perfil de meteorización es removido por erosión, exponiéndose así el frente de meteorización (Linton, 1955; Thomas, 1968; Twidale, 1982; Twidale y Mueller, 1988; Migoń, 1996, 2006, 2013; Vidal Romaní y Twidale, 1998; Migoń y Lidmar-Bergström, 2001, 2002; Twidale y Vidal Romaní, 2005; Chesworth, 2008). Esta superficie exhumada se caracteriza por la presencia de geoformas mayores y menores relictuales de meteorización química, como bornhardts, corestones, tors, gnammas, tafoni, rocas pedestales, acanaladuras, entre otras (Vidal Romaní y Twidale, 1998; Twidale y Vidal Romaní, 2005; Twidale, 2007).

Las etchplains se corresponden en muchos casos con los Paisajes Gondwánicos (King, 1968) desarrollados en el supercontinente Gondwana durante el Mesozoico, bajo condiciones de baja o nula actividad tectónica y condiciones climáticas cálidas y húmedas, las cuales no tienen equivalente actual (Twidale, 1987; Ollier, 1992; Migoń y Lidmar-Bergström, 2002; Rabassa, 2010, 2014; Migoń, 2013).

En el Paraguay Oriental existe un conjunto de relictos de superficies planares muy antiguas heredadas del supercontinente Gondwana (Iriondo y Bruneto, 2016). Muchos de ellos se corresponden con cerros mesetiformes de distintas alturas y litologías. Sobre algunas de estas superficies, se identificó una amplia variedad de formas relictuales mayores y menores, indicadoras de meteorización química profunda, que afectan tanto a granitos (Colman et al., 2018, 2019), areniscas (Rabassa et al., 2018, 2021; Sarubbi et al., 2019; Gadea y Vázquez, 2021; Celabe et al., 2023; Gadea et al., 2023) y diabasas (Sarubbi et al., 2024). En este trabajo se analiza la geomorfología del Paraguay central, un área de más de 8000 km², que incluye a la megaestructura del Rift de Asunción-Sapucai-Villarrica (Gomes et al., 2013) y a los bloques tectónicos Asunción, Caacupé, Caapucú, Central y Cerro Verá (Figura 1). Los estudios realizados permitieron una caracterización geomorfológica del área de interés a escala regional y también identificar y correlacionar los numerosos restos de superficies planares, al menos los de mayor superficie, distribuidos en el área. Se presenta un mapa geomorfológico general que sintetiza e integra la información generada en este trabajo y por otros autores (Cubas et al., 1998; González et al., 1998a, 1998b, 1999; Dionisi et al., 1999; Colman et al., 2018, 2019, 2022, 2024, 2025; Iriondo y Brunetto, 2016; Rabassa et al., 2018, 2021; Gadea y Vázquez, 2021; Celabe et al., 2023; Gadea et al., 2023; Figura 3) y se propone una interpretación genética y una cronología para las superficies planares, sustentada en la presencia de geoformas relictuales de meteorización y relictos de perfiles de meteorización química (Colman et al., 2025).

 

 

Figura 1. Mapa geológico del Paraguay central en la Región Oriental, mostrando la estructura tectono-magmática del Rift de Asunción. Adaptado y modificado de Cubas et al. (1998); González et al. (1998a, 1998b, 1999); Dionisi et al. (1999).

 

Adicionalmente, considerando que los abundantes niveles de duricostras identificados en los perfiles de meteorización cumplen un control geomorfológico significativo, fundamentalmente contribuyendo en la preservación de las geoformas indicadoras menores, se efectuaron análisis por Fluorescencia de Rayos X (FRX), Difractometría de Rayos X (DRX), Microscopía óptica (MO) y Microscopía Electrónica de Barrido (MEB) a la Piedra Equilibrista de Paso Carreta (PEPC), una roca nuclear (corestone) en condición de estabilidad precaria (Colman et al., 2024), desarrollada en las areniscas ordovícicas de la Formación Piribebuy del Grupo Caacupé (Rabassa et al., 2018, 2021). Se considera a este peculiar elemento escénico un sitio clave cuya interpretación genética podría extrapolarse a otros contextos similares del área de estudio.

 

2. Antecedentes

2.1. GEOMORFOLOGÍA

El área de estudio cuenta con pocas contribuciones sobre su geomorfología. Debe mencionarse la información proporcionada en las hojas geológicas del Paraguay central que identifican planicies, áreas elevadas y terrazas, destacando algunos cerros aislados (Dionisi et al., 1999). Para el sector noreste se han identificado serranías de altitudes que no superan los 350 m, una meseta y pantanos, que constituyen las llanuras aluviales de los ríos que drenan la zona (González et al., 1999).

En el sector central se mencionan los valles tectónicos de Ypacaraí y Acahay (Figura 1), con elevaciones inferiores a los 100 m y numerosos cerros aislados que no superan los 333 m de altitud, así como acantilados muy pronunciados (González et al., 1998a). Estos valles a menudo están cubiertos por suelos y sedimentos de remoción en masa, con algunos cerros aislados que permanecen como remanentes erosivos sobresaliendo por encima de ellos (González et al., 1998b).

En la morfología del sector sur del área de interés se destaca una planicie de denudación formada antes de la sedimentación de las rocas epiclásticas ordovícicas y una superficie con relieves en forma de macizos elevados alineados (Cubas et al., 1998). Degraff et al. (1981) describieron una superficie pre-Ordovícica en Paraguay central. Iriondo y Brunetto (2016) proponen que gran parte de la superficie del Paraguay Oriental está conformada por paisajes heredados de Gondwana. Colman et al. (2018, 2019) identifican una superficie grabada desarrollada sobre granitos de la Suite Magmática Caapucú del Cámbrico, con corestones de gran tamaño distribuidos en un área urbanizada.

Recientemente, el estudio de la Piedra Equilibrista de Paso Carreta asocia su génesis y condición de estabilidad precaria sobre su roca pedestal con procesos de meteorización química profunda, comparándola con otros ejemplos en la Argentina, como la “Piedra de Tandil” y en Brasil, como el “Chapeu do Sol” (Rabassa et al., 2018, 2021).

Sarubbi Jacks et al. (2019) señalaron la presencia de una antigua superficie de planación en la parte norte del Paraguay Oriental, una superficie relictual conformada por numerosos inselbergs, formas de relieve desarrolladas en las rocas sedimentarias de la Formación Misiones del Jurásico superior, previo al emplazamiento de los basaltos de la Formación Alto Paraná.

Gadea y Vázquez (2021) describieron al Cerro Tren, ubicado en el bloque Caacupé al noroeste de la ciudad de Itacurubí de la Cordillera dentro del área de estudio (Figura 1), como una forma de relieve resultante de procesos de meteorización química y modificada por procesos erosivos. Colman et al. (2022) elaboraron un inventario de localidades con potencial geoturístico, abarcando áreas donde se ubican formas relictuales de meteorización química profunda, incluyendo a la Piedra Equilibrista de Paso Carreta (PEPC), un verdadero corestone (Rabassa et al., 2018, 2021) y que más tarde sería clasificada como una Precariously Balanced Rock (PBR) (Colman et al., 2024).

Celabe et al. (2023) describieron la génesis y evolución del Cerro Yaguarón, ubicado en el bloque Asunción al noroeste de la ciudad de Paraguarí (Figura 1), como una meseta formada por la erosión selectiva por avulsión, que fue posteriormente levantada tectónicamente. Identificaron, además, sobre la superficie de estas areniscas, un número significativo de microformas, incluyendo grietas de desecación, alvéolos, ondulitas y tafoni.

Gadea et al. (2023) describieron un arco natural en las cercanías de la ciudad de Tobatí, geoforma asociada a otras formas relictuales menores de meteorización. Sarubbi Jacks et al. (2024) describieron dos cuerpos intrusivos anulares de composición basáltica, estructuras con cumbres entre 330 y 350 m de altitud, coronadas por pequeñas superficies planas y corestones, formas menores relictas de meteorización química profunda.

 

2.2. GÉNESIS DE LAS SUPERFICIES GRABADAS

Existen numerosos y más detallados estudios a diversas escalas sobre paisajes que conforman las superficies gondwánicas en otros sectores del mundo. Las formas de relieve presentes en estas superficies, descriptas como indicadoras de meteorización química profunda, se denominan formas relictuales o etchforms y se clasifican en dos grupos:

a) Formas subcutáneas, que evolucionaron en la base del saprolito y b) Formas intercutáneas, que se originaron dentro del perfil de meteorización química. Ambas formas evolucionaron junto con la etchplain, una superficie relativamente ondulada con pocas variaciones topográficas una vez exhumada. Sobre esta superficie se ubican las formas grabadas o etchforms, clasificadas en formas mayores como inselbergs, bornhardts, nubbins, castle koppies, y formas menores como corestones, tors, gnammas, tafoni, entre otros (Twidale, 1982; Vidal Romaní y Twidale, 1998; Twidale y Vidal Romaní, 2005; Migoń, 2006).

El origen de las formas de relieve como respuesta geomorfológica a un tipo de clima varía espacial y temporalmente; algunas formas resultan de activi-dades a largo plazo, mientras que otras surgen de procesos superficiales esporádicos (Twidale, 1997). Las condiciones climáticas globales en Gondwana generaron procesos de planación generalizadas, sin casquetes polares y desiertos muy amplios. Estas amplias superficies de bajo relieve, desarrolladas bajo condiciones de estabilidad tectónica relativa, presentaban grandes distancias entre los sectores de descarga costera y el interior continental. En este marco, los sistemas fluviales exhibían cursos extensos, gradientes longitudinales muy suaves y baja energía geomorfológica efectiva, lo que limitaba notablemente su capacidad de incisión y evacuación de sedimentos. Esta ineficiencia en la remoción, favorecía la acumulación y conservación “in situ” de los productos de la meteorización, promoviendo el desarrollo progresivo de perfiles de meteorización química cada vez más profundos, típicos de paisajes de evolución lenta y prolongada (Ollier, 1992, 2010, 2014). La meteorización química es un proceso que se desarrolla de forma continua desde el pasado geológico, con mayor o menor intensidad dependiendo de las condiciones climáticas del medio (Taylor y Shirtliff, 2003).

El desarrollo de las superficies grabadas se ve favorecido por las condiciones climáticas y tectónicas que presentan estabilidad en largos periodos de tiempo geológico, condiciones que limitan la erosión. Por ello, es que gran parte de los perfiles de meteorización química profunda en el mundo se han generado durante el Mesozoico y el Cenozoico temprano (Ollier, 1988, 1992, 2010; Migoń, 2013), bajo condiciones climáticas muy cálidas y húmedas, climas “hipertropicales”, con precipitaciones anuales superiores a los 10 000 mm y temperaturas de más de 45 °C (Rabassa, 2010, 2014).

 

2.3. CONDICIONES PALEOCLIMÁTICAS EN GONDWANA

El Triásico en Pangea presentó eventos climáticos altamente fluctuantes. Su particular disposición geográfica, extendida a través de la línea ecuatorial, ejerció un fuerte control sobre la dinámica climática global, favoreciendo altos niveles estáticos y la ausencia de casquetes polares (Mancuso et al., 2021). En el interior continental de Gondwana, el clima variaba de árido a semiárido, con fluctuaciones estacionales marcadas, experimentando climas monzónicos en su máxima intensidad y veranos fuertes. Además, se desarrollaron extensas zonas áridas, con precipitaciones anuales relativamente bajas, que variaron entre 2 y 4 mm/ día. Las temperaturas anuales promedio oscilaban entre 10 y 20 °C, con aproximadamente 30 °C en los veranos y 5 °C en los inviernos australes. Para realizar estas estimaciones, se realizaron simulaciones climáticas contrastadas con proxys sedimentológicos y estratigráficos, como asociaciones de facies fluviales, eólicas y lacustres; la ausencia de paleosuelos, las direcciones de paleocorrientes y los ciclos estratigráficos, registran la influencia de la variabilidad climática (Perón et al., 2005).

Para el Triásico superior, las condiciones climáticas cambiaron a subhúmedas, con una alternancia entre condiciones subhúmedas a húmedas y posteriores fluctuaciones áridas y semiáridas (Nordt et al., 2015; Mancuso et al., 2021). Las temperaturas anuales promedio oscilaban entre 15 y 25 °C, con temperaturas invernales entre 0 y 16 °C y precipitaciones que variaban de 1 a 10 mm/ día, mientras que las temperaturas estivales iban de 20 a 36 °C, con precipitaciones de 0.5 a 4 mm/ día (Mancuso et al., 2021).

Para el límite del Triásico superior – Jurásico inferior, el aumento de la temperatura global se asocia con una perturbación significativa del ciclo global del carbono, registrada en múltiples excursiones isotópicas de carbono ligero en los océanos y la atmósfera, perturbación que se mantuvo durante 600 ka aproximadamente (Hesselbo et al., 2002).

Durante el Jurásico inferior las condiciones climáticas se volvieron aún más húmedas. Los niveles del mar a nivel global experimentaron un aumento, más que en el Triásico, y las áreas de baja latitud en Gondwana fueron estacionalmente secas, templadas y cálidas, con regiones tropi-cales que superaron los 40 °C y precipitaciones superiores a los 16 mm/día (Parrish et al., 1982; Moore et al., 1992; Parrish, 1993; Rees et al., 2000). Para el Jurásico superior, se generaron ambientes más secos en Gondwana, que se interpretan como el colapso del monzón de Pangea, resultado de la separación del supercontinente (Parrish, 1993).

Para el Cretácico superior la fragmentación de Gondwana estaba bien marcada, con una notable reducción de las áreas áridas y un aumento de la humedad relativa en las regiones elevadas. Además, ocurrió una extensa liberación a la atmósfera de CO2, debido a las vastas coladas de lava submarina ubicadas debajo del Océano Pacífico. Esta condición condujo al calentamiento global debido al efecto invernadero. El clima en la Tierra necesariamente tuvo que experimentar las temperaturas más altas de su historia, con niveles máximos del mar y lluvias intensas (Parrish et al., 1982).

En el Cenozoico, las condiciones climáticas cambiaron gradualmente hasta asemejarse a las condiciones actuales, debido a la continua separación de Gondwana y a la configuración actual de los continentes. Desde el Paleoceno temprano hasta el Pleistoceno tardío, las condiciones climáticas de América del Sur cambiaron de cálidas, húmedas y no estacionales a más frías, secas y estacionales, lo que resultó en una disminución de la tempera-tura y de las tasas de precipitación, llevando a un cambio de biomas, pasando de bosques tropicales a estepas (Parrish et al., 1982; Ortiz-Jaureguizar y Cladera, 2006; Vento et al., 2021). Desde el Paleoceno temprano hasta el Paleoceno tardío, la transgresión marina del Cretácico se transformó en una serie de llanuras aluviales y de grandes lagos (Ortiz-Jaureguizar y Cladera, 2006).

En el Cenozoico medio, ocurrió una reducción en la tasa de meteorización, confinando los perfiles de alteración lateríticos a los trópicos actuales (Ollier, 1992). En muchas áreas, las condiciones ambientales del Cenozoico tardío han erosionado una porción significativa del paisaje, transportando gran cantidad del material meteorizado para exponer las rocas frescas en el frente de meteorización generados en el Mesozoico (Ollier, 1992).

 

2.4. CONDICIONES CLIMÁTICAS EN EL PARAGUAY

En la actualidad, desde el paralelo 10° S hasta el paralelo 53° S en América del Sur, se encuentran extensas áreas de masas de aire continentales de baja altitud, donde se desarrollan intensos sistemas de tormentas convectivas. Estas áreas, ubicadas en el interior del continente, presentan varios patrones climáticos: tropical, subtropical y extratropical. En las latitudes tropicales y subtropicales, predomi-nan las condiciones cálidas y húmedas, desde las estribaciones de los Andes (una barrera geográfica) hasta la Costa Atlántica, alcanzando el pico de precipitaciones en el verano (monzón sudameri-cano), las lluvias representan fenómenos de escala continental y exhiben ciclos estacionales muy marcados (Horel et al., 1989; Garreaud et al., 2009).

La República del Paraguay, ubicada en el interior de América del Sur, específicamente en la porción central, tiene dos regiones natu-rales divididas por el río homónimo: en su mar-gen izquierda, la Región Occidental o Chaco Paraguayo y en su margen derecha, la Región Oriental (Pastén et al., 2007). El clima es, según la clasificación de Köppen, predominantemente sub-tropical para la Región Oriental, como en el Valle del Río Iguazú, asociado con altitudes inferiores a 750 y 800 m (Álvares et al., 2013).

Además, Paraguay presenta una marcada variabilidad climática entre ambas regiones, con el noroeste del Chaco teniendo un clima semiárido, volviéndose semihúmedo y megatérmico en la porción este y sureste de la Región Occidental (Figura 2). La Región Oriental es predominantemente húmeda y mesotérmica, excepto en los límites occidentales y noroccidentales, que son similares a los sectores este y sureste de la Región Occidental (Pastén et al., 2007).

 

 

Figura 2. Mapas de distribución espacial de precipitaciones en el Paraguay, superpuestos con: a) Mapa de distribución espacial de temperaturas medias anuales y b) Mapa de clasificación climática del Paraguay. Extraídos y modificados de Pastén et al. (2007).

 

Buena parte de las precipitaciones del país son del tipo convectivo, un sistema de tormentas que se desplaza rápidamente de norte a sur durante el mes de octubre. Como resultado, en el verano austral, se genera una extensa área de intensa precipitación que abarca el sur de Brasil, Paraguay y el norte de Argentina, fenómeno que se describe como similar a un monzón (Zhou y Lau, 1998; Vera et al., 2006; Garreaud et al., 2009). Este monzón se genera por sistemas de tormentas aisladas o líneas de tormentas frecuentes durante la primavera y el otoño, variando desde 400 mm de precipitación en el noroeste de la Región Occidental hasta unos 1900 mm en el sureste de la Región Oriental, este último asociado a la cuenca del Río Paraná. En contraste con la precipitación más intensa en la cuenca del Río Paraguay, que promedia alrededor de 1600 mm en la Región Oriental. Las temperaturas suelen variar entre 21 °C en la Región Oriental y 25 °C en la Región Occidental, con temperaturas máximas pico durante el verano que a veces superan los 40 °C (Pastén et al., 2007). Por otro lado, durante el invierno austral, la máxima precipitación a escala continental se ubica al norte del Ecuador, mientras que las zonas centrales del continente experimentan estaciones secas (Garreaud et al., 2009).

 

2.5. CONTEXTO GEOLÓGICO

La principal estructura geológica del área de estu-dio es el Rift Asunción-Sapucai-Villarrica (repre-sentado con líneas intermitentes de color rojo en las Figuras 1 y 3; Comin-Chiaramonti et al., 2013), que afectó a las unidades del Ordovícico, Silúrico, Carbonífero, Pérmico y Cretácico (Figura 1). El Rift de Asunción-Sapucai-Villarrica (RASV) consta de tres segmentos: el segmento occidental, de rumbo NO-SE, que se extiende por 90 km entre el sur del Chaco paraguayo y la ciudad de Paraguarí; el segmento central, con dirección E-O, de aproximadamente 70 km de longitud, entre la ciudad de Paraguarí y de Villarrica, esta última ubicada fuera del área de estudio, y el tercer segmento, también NO-SE, de unos 40 km de longitud, que se extiende desde la ciudad de Villarrica hasta la serranía del Ybyturuzú (Riccomini et al., 2001, 2002).

Esta estructura es responsable del desarrollo de los bloques tectónicos del área de estudio (Figuras 1 y 3), el cual se formó durante un evento tectonomagmático en el Cretácico inferior y se caracteriza por presentar zonas de fallas significativas, la intrusión de numerosos cuerpos magmáticos de afinidad alcalina y la creación de nuevas cuencas sedimentarias. Se encuentra estrechamente relacionada con el magmatismo alcalino Mesozoico y la Gran Provincia Ígnea Paraná-Etendeka (Hawkesworth et al., 1992; Velázquez et al., 1992, 2011; Riccomini et al., 2001, 2002; Gibson et al., 2006; Comin-Chiaramonti et al., 2013).

Las edades del magmatismo alcalino fue-ron estimadas a partir de dataciones isotópicas 40Ar/39Ar en la Provincia Alcalina Central y osci-lan entre ~127 y 126.4 +/- 0.4 Ma del Barremiano (Comin-Chiaramonti et al., 2007) y entre 118 y 127 Ma. (Comin-Chiaramonti et al., 2013; Gomes et al., 2013) correspondientes al Cretácico inferior (Aptiano-Barremiano).

La estructura tectonomagmática del Rift Asunción-Sapucai-Villarrica involucra a los bloques tectónicos Asunción, Caacupé, Caapucú, Central y Cerro Verá (Figuras 1 y 3). El bloque Asunción se corresponde con un hemigraben y está compuesto por areniscas del Grupo Asunción del Cretácico superior–Paleógeno (Dionisi et al., 1999). El relleno sedimentario acumulado en el hemigraben dio lugar a una superficie de morfología irregular que se extiende sobre un área aproximada de 2000 km2. Estos depósitos sin-rift se componen de materiales detríticos paleozoicos, así como de materiales alcalinos mesozoicos, que forman conglomerados, fanglomerados y areniscas. En su mayoría están mal seleccionados y se corresponden con depósitos de taludes, conos aluviales, arenas fluviales y eólicas (Dionisi et al., 1999).

La mayor parte del bloque Caacupé y casi la totalidad del bloque Cerro Verá, se encuentran compuestos por areniscas del Grupo Caacupé del Ordovícico superior. Esta unidad litoestratigráfica consiste en conglomerados basales de la Formación Paraguarí, que descansan sobre rocas cristalinas de la Suite Magmática Caapucú en contacto discordante. Continúa hacia arriba con areniscas de grano medio a grueso de la Formación Piribebuy, con un espesor de varios cientos de metros (Harrington, 1950, 1972; Eckel, 1959; Bigarella y Comte, 1969; Wolfart, 1961; Pereira, 2000; Almeida et al., 2004; Benedetto et al., 2013).

La secuencia superior del Grupo Caacupé corresponde a la Formación Piribebuy, dominada por areniscas gruesas sacaroidales, altamente friables debido a la débil cementación y areniscas masivas feldespáticas, con colores que varían del blanco al amarillento y tamaños de grano que van desde fino a grueso (Harrington, 1950, 1972; Eckel, 1959; Bigarella y Comte, 1969; Wolfart, 1961; Pereira, 2000; Almeida et al., 2004; Benedetto et al., 2013). El bloque Caacupé está compuesto por rocas sedimentarias del Grupo Itacurubí del Silúrico inferior, específicamente del Llandoveriano. Se corresponde con areniscas de la Formación Eusebio Ayala como unidad basal, lutitas marinas fosilíferas de la Formación Vargas Peña, y areniscas intercaladas con limolitas y lutitas de la Formación Cari’y, todas asociadas a un ambiente marino    somero,     ligeramente regresivo, con influencia costera (Harrington, 1950, 1956; Eckel, 1959; Wolfart, 1961; Dionisi et al., 1999). Este blo-que además comprende a rocas sedimentarias de la Formación Arroyos y Esteros del Devónico, que incluyen a areniscas poco cementadas, altamente friables, de color amarillo a rosado, con un tamaño de grano grueso e intercalados con arcillas y are-nas conglomerádicas (Beder y Windhausen, 1918; Harrington, 1950; Dionisi et al., 1999).

La unidad litoestratigráfica más joven, que compone al bloque Caacupé, es la Formación Coronel Oviedo del Carbonífero superior, compuesta por areniscas conglomerádicas, limolitas, arcillas, diamictitas, ritmitas y tillitas glaciares de grano fino a grueso, originadas en sistemas glacigénicos (Harrington, 1950; Putzer, 1962; González et al., 1999).

El bloque Central, ubicado en la porción interna del Graben Sapucai (Figuras 1 y 3), está compuesto por areniscas del Grupo Independencia del Pérmico inferior, areniscas fluviales de la Formación Ybytymí del Cretácico y rocas intru-sivas/extrusivas de la Suite Sapucai del Cretácico superior. El Grupo Independencia se compone de areniscas de grano fino a grueso con intercalaciones arcillosas de la Formación San Miguel y areniscas calcáreas de grano fino a grueso intercaladas con lutitas y capas oolíticas de la Formación Tacuary.

Estas unidades fueron depositadas en ambientes predominantemente continentales, interdigitados con un ambiente marino costero somero (Harrington, 1950; Eckel, 1959; Putzer, 1962; González et al., 1998). La Formación Ybytymí está compuesta por rocas epiclásticas con sedimentación local, se corresponde con areniscas de grano grueso con sucesiones que disminuyen en tamaño de grano hasta areniscas finas (Harrington, 1950; Eckel, 1959; González et al., 1998).

La Suite Sapucai del Cretácico y se corresponde con una serie de stocks intrusivos alcalinos en forma de conos subcirculares y diques potásicos, así como flujos de basaltos alcalinos, ampliamente distribuidos en todo el bloque. Las rocas encajantes fueron localmente afectadas por la masa intrusiva, que dio lugar a la formación de pequeños halos de silicificación y metamorfismo de contacto (Harrington, 1950; Eckel, 1959; Putzer, 1962; Livieres y Quade, 1987; Bitschene y Báez, 1989; Comin-Chiaramonti et al., 1990, 1996; González et al., 1998a, 1999).

El bloque Caapucú está compuesto principalmente por plutonitas/volcanitas de composición ácida de la Suite Magmática Caapucú del Neoproterozoico (Leite et al., 2018). Esta suite aflora desde Villa Florida hasta Quiindy en dirección norte y también en pequeños afloramientos en la parte central de la Región Oriental, asociada con el RASV cerca de las ciudades de San Bernardino, Pirayú y Paraguarí. Esta unidad cubre un área aproximada de 3000 km² y está compuesta principalmente por rocas intrusivas y volcánicas que forman 4 subunidades diferenciadas texturalmente (Cubas et al., 1999).

Estas cuatro subunidades están conformadas por granitos de biotita con textura fanerítica, granitos hipabisales con textura porfídica, riolitas densas a finas, diques félsicos y una serie volcánica de lavas riolíticas con texturas microporfídicas y afaníticas, incluyendo interestratificaciones piroclásticas representadas por tobas de lapilli e ignimbritas (Kanzler, 1987; Cubas et al., 1998; Meinhold et al., 2011). Posteriormente Leite et al. (2018) agruparon a las rocas plutónicas y volcánicas ácidas en 4 litofacies: 1) facies de sieno-granito porfídico de textura rapakivi, 2) facies de monzogranito a microgranito de feldespato alcalino, 3) facies de riolita y 4) facies de ignimbrita.

En las proximidades de la ciudad de San Roque González de Santa Cruz, donde se encuentra la Piedra Equilibrista de Paso Carreta (PEPC) en el Departamento de Paraguarí (Figura 1), las rocas sedimentarias de la Formación Piribebuy han sido intruídas por rocas plutónicas y volcánicas alcalinas del Cerro Acahay, una masa intrusiva subanular de aproximadamente 5 km de diámetro que forma parte de la actividad tectonomagmática de la Provincia Alcalina Central y que se encuentra compuesta por gabros alcalinos distribuidos periféricamente (Comin-Chiaramonti et al., 1990; Gomes et al., 1991; Green et al., 1991; Velázquez et al., 1992).

 

3. Metodología

Considerando los objetivos de este estudio, el primer paso fue analizar todos los trabajos previos referidos directa o indirectamente a la geomorfología del área de estudio, aunque éstos, como se mencionó al inicio, eran relativamente escasos.

La metodología utilizada para desarrollar el mapa geomorfológico regional consistió en analizar los modelos digitales de elevación (MDE) basados en los antecedentes citados e información geológica disponible. Los modelos digitales de elevación ALOS PALSAR, con una resolución espacial de 12.5 m, fueron descargados de forma gratuita desde la plataforma (https://search.asf. alaska.edu/#/), del sensor satelital de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón, de banda L, activo desde 2006 hasta 2011. Esto permitió la identificación de geoformas y restos de geoformas, que luego fueron utilizados para definir y proponer unidades geomorfológicas mayores, categorizadas como paisajes (Figura 3).

Durante la ejecución de este trabajo, se hizo un énfasis especial en identificar y delimitar superficies rocosas planares horizontales a subhorizontales, las cuales fueron inicialmente interpretadas como superficies de erosión. Para el carteo preliminar, se utilizó el software de libre acceso QGIS 3.28 Firenze (QGIS Development Team, 2023). La verificación cartográfica se realizó mediante controles de campo, permitiendo además reconocer numerosas formas relictuales de diversa escala, junto con remanentes de perfiles de meteorización desarrollados sobre diferentes litologías y distribuidos en distintos sectores del área de estudio Con esta información detallada adicional, muchas de las superficies de planación fueron reinterpretadas como verdaderas etchplains. Esta información permitió una interpretación geomorfológica confiable de toda el área de interés y la finalización del carteo correspondiente. La escala de análisis del trabajo es regional y por lo tanto las unidades geomorfológicas escogidas para elaborar la cartografía (Figura 3) tienen un carácter general que responde a dicha escala.

 

 

Figura 3. Mapa Geomorfológico del Paraguay central.

 

 

Con base en este carteo a escala regional, se determinó la relación altitudinal dentro de cada bloque tectónico del área de estudio, para correlacionar las superficies planares. Los niveles identificados fueron comparados con la distribución espacial de las formas grabadas y los perfiles de meteorización, verificando el origen meteórico de varios de ellos.

Para contribuir a la comprensión de los procesos que generaron algunas de las geoformas más distintivas de la región, se realizaron estudios detallados a la Piedra Equilibrista de Paso Carreta, específicamente a su costra endurecida. En este llamativo corestone de arenisca, se realizaron descripciones morfológicas y sedimentológicas, además de análisis químicos y mineralógicos.

Para los análisis químicos y mineralógicos, las muestras fueron disgregadas en pequeñas porciones de 20 gr, pulverizadas utilizando un mortero de ágata y luego colocadas en tubos Eppendorf debidamente etiquetados. Este procedimiento fue necesario para los análisis que involucraron a Fluorescencia de Rayos X (FRX) y Difracción de Rayos X (DRX), análisis que fueron realizados en las instalaciones de la Universidad Nacional de Asunción de Paraguay.

La identificación de las fases cristalinas se realizó utilizando Difracción de Rayos X (XRD) con radiación Cu Kα (λ = 1.5418 Å), en un sistema Panalytical X’Pert PRO con configuración de Bragg-Brentano. Los ajustes de adquisición fueron de 10 a 90 grados (°), con un tamaño de paso de 0.025 grados (°) y un tiempo de adquisición de 3 segundos por paso, con un sistema de soporte de muestra con girador. Las fases cristalinas presentes fueron identificadas a través del análisis de los datos cristalográficos obtenidos de la Base de Datos Abierta de Cristalografía (COD). Para ello, se utilizó el Archivo de Información Cristalina (CIF) 96-900-2159 para Goethita (Ght), CIF 96-901-2601 para Cuarzo (Qtz), CIF 96-901-5000 para Caolinita (1), y CIF 96-900-6349 para Feldespatos (2).

La composición elemental mayoritaria se obtuvo mediante Fluorescencia de Rayos X de Dispersión de Energía (EDXRF), con un equipo Shimadzu EDX-7000 equipado con un ánodo de Rh. Se realizó un análisis semi-cuantitativo de los porcentajes en peso (wt %) de los elementos mayoritarios, utilizando parámetros fundamentales (FPM).

Secciones delgadas de las muestras mencionadas fueron preparadas impregnando inicialmente las muestras en una resina epóxica NOVARCHEM (DIPREG 87A) y endurecedor NOVARCHEM (DIPREG 87B) en una proporción 4:1. Este proceso facilitó el corte de secciones delgadas utilizando una cortadora de rocas LECO, modelo VC-50 y el pulido mecanizado de las mismas con una pulidora LECO, modelo SPECTRUM SYSTEM 1000 (SS1000).

Las imágenes de la micromorfologicas fueron adquiridas utilizando un equipo de Microscopía Electrónica de Barrido (SEM, por sus siglas en inglés), modelo ZEISS EVO 15, con espectroscopia de rayos X por dispersión de energía (EDS0029). Para prevenir la carga superficial que podría alterar la imagen, las muestras fueron recubiertas con una capa de oro (Au) de unos pocos nanómetros de grosor.

 

4. Resultados

4.1. MAPA GEOMORFOLÓGICO

La geomorfología del área de estudio muestra una marcada herencia de la tectónica asociada a la dinámica del Rift Asunción-Sapucai-Villarrica y de la acción fluvial durante el Cuaternario, además de la erosión actual, en un ambiente donde dominan las rocas epiclásticas. Favorecido por la escasa pendiente de la estratificación de las rocas sedimentarias, algunos sectores desarrollan superficies aplanadas que se destacan en el paisaje como terrazas estructurales. Estas alcanzan alturas máximas promedio cercanas a los 400 m s. n. m. y se encuentran limitadas tanto por escarpas de fuerte pendiente, que ocasionalmente superan los 200 m de desnivel, como por planicies de muy bajo ángulo de origen pedemontano.

La red de drenaje superficial actual, evidencia un claro control estructural del sustrato rocoso y en algunos casos, una importante interferencia de las urbanizaciones y del uso agrícola del suelo. Esta influencia antrópica resulta particularmente evidente en la planicie superior del bloque Asunción y en el sector occidental del bloque Caacupé.

Una de las características más distintivas del área de estudio es la presencia de relictos de superficies planares a distintas alturas, de disposición horizontal a subhorizontal, que han sido escasamente afectadas por la erosión fluvial durante el Paleógeno-Neógeno. Algunas de estas superficies se corresponden con restos de antiguas superficies grabadas (ver apartado siguiente). Asociadas genéricamente a estas últimas existen amplios sectores, esencialmente en los bloques Caacupé y Caapucú, donde abundan geoformas menores de meteorización química profunda que definen, sobre distintas litologías, paisajes graníticos a pseudograníticos.

También deben mencionarse sectores relativamente reducidos en el entorno de los cuerpos intrusivos de la Suite Magmática Sapucai, donde la influencia de estas estructuras ígneas sobre el diseño de las redes de drenaje es muy notoria.

 

4.2. RELICTOS DE SUPERFICIES DE PLANACIÓN

El análisis de los modelos digitales de elevación ha permitido identificar un número importante de sectores relativamente planos, horizontales a subhorizontales, elevados con respecto a su entorno (Figura 3), limitados por laderas o escarpas de pendientes muy variables, usualmente altas. La extensión y la altitud de estos también es muy variable (Tablas 1 y 2).

Se identificaron 207 remanentes distribuidos sobre diferentes unidades litoestratigráficas: en el bloque Caapucú, sobre plutonitas y volcanitas de la Suite Magmática Caapucú (Cámbrico inferior); en el bloque Cerro Verá sobre areniscas del Grupo Caacupé (Ordovícico superior); en el bloque Central sobre areniscas de la Formación Yvytymí del Cretácico superior; en el bloque Asunción a las areniscas del Grupo Asunción (Cretácico superior) y en el bloque Caacupé sobre areniscas del Grupo Caacupé (Ordovícico superior) del Grupo Itacurubí (Silúrico inferior), de la Formación Arroyos y Esteros (Devónico) y sobre tillitas de la Formación Coronel Oviedo (Carbonífero).

Se pudo verificar mediante los controles de campo, que al menos unos 172 de estos sectores planares han desarrollado perfiles de meteorización química de espesores que suelen alcanzar los 4 m y/o exponen geoformas de meteorización química profunda relictuales, mientras que para los 35 restantes no se han encontrado aún evidencias que confirmen dicho origen meteórico y por lo tanto, se las interpreta como restos de superficies de erosión en sentido amplio, representadas en las tablas como “superficies de planación” (Tablas 1 y 2, Figuras 16 y 17).

 

Tabla 1. Proyecciones de las superficies de planación de los bloques tectónicos Asunción y Caacupé identificadas. Las ubicaciones están indicadas en la Figura 15 (Mapa de Análisis de Paleopaisajes).

 

 

Tabla 2. Proyecciones de las superficies de planación de los bloques tectónicos Caapucú, Central y Cerro Verá identificadas. Las ubicaciones están indicadas en la Figura 15 (Mapa de Análisis de Paleopaisajes).

 

 

Estos últimos sectores planares se distribuyen de la siguiente manera: 17 sobre el bloque Caacupé entre los 370 y 430 m s. n. m. y presentan un suave buzamiento hacia el noreste; 1 en el bloque Central entre los 370 y los 405 m s. n. m., 2 en el bloque Asunción entre los 180 y los 195 m s. n. m., que presentan una inclinación muy baja hacia el noreste; 15 en el bloque Cerro Verá, todas con un buzamiento muy suave hacia el sur y que por su posición altitudinal se distribuyen 6 entre los 230 y los 270 m s. n. m., 5 entre los 290 y los 360 m s. n. m., 2 entre los 390 y los 440 m s. n. m. y 2 entre los 470 y los 515 m s. n. m.

Los 172 relictos de superficies de planación, interpretados como remanentes de etchplains, se distribuyen de la siguiente manera: 18 en el bloque Caapucú entre los 130 y los 150 m s. n. m. de los cuales 9 se corresponden con afloramientos de los granitos cámbricos de la Suite Caapucú y 9 con las areniscas ordovícicas del Grupo Caacupé. Otros 20 entre los 170 y 210 m s. n. m., de los cuales 17 se corresponden con los granitos y 3 con las areniscas. Los 3 restantes aparecen entre los 430 y los 470 m s. n. m. en las plutonitas/volcanitas cretácicas de la Suite Sapucai.

En el bloque Caacupé se identificaron 80 relictos de superficies grabadas entre los 110 y los 170 m s. n. m., afectando a las areniscas silúricas del Grupo Itacurubí, las areniscas devónicas de la Formación Arroyos y Esteros y las tillitas carboníferas de la Formación Coronel Oviedo. Otras 19 superficies se concentran entre los 190 y los 220 m s. n. m. sobre las areniscas paleozoicas. Sobre estas mismas litologías se conservan otros 30 relictos de etchplains entre los 230 y 290 m s. n. m. Por último, en el bloque Asunción se confir-maron 2 restos de superficies grabadas entre los 220 y los 240 m s. n. m.

 

4.3. INDICADORES DE METEORIZACIÓN QUÍMICA PROFUNDA

En el área de estudio se reconocieron un total de 172 sitios con indicadores de meteorización química profunda. De este total, 42 se corresponden con restos de perfiles de meteorización química que se concentran principalmente en el bloque Caacupé y en menor proporción en el bloque Caapucú. Por otro lado, se identificaron 130 sitios con presencia de geoformas relictuales de meteorización química, también en su gran mayoría sobre el bloque Caacupé y en menor medida sobre el bloque Caapucú.

 

4.3.1. PERFILES DE METEORIZACIÓN QUÍMICA PROFUNDA

Se reconocieron 42 sitios con perfiles de meteorización química, distribuidos de la siguiente manera: 5 en el bloque Caapucú sobre las rocas plutónicas/volcánicas ácidas del Cámbrico, de la Suite Magmática Caapucú. Los otros 37 aparecen en el bloque Caacupé, 2 en rocas epiclásticas ordovícicas de la Formación Piribebuy del Grupo Caacupé, 14 en rocas epiclásticas silúricas del Grupo Itacurubí, 5 en las areniscas devónicas de la Formación Arroyos y Esteros y 16 en las rocas epiclásticas que componen la Formación Coronel Oviedo del Carbonífero.

Aún no se cuenta con caracterizaciones mineralógicas y químicas de los restos de perfiles de meteorización química desarrollados en las areniscas, sin embargo, las observaciones de campo permitieron reconocer un espesor máximo de 4 m entre la zona superior de los perfiles, en donde se concentran las acumulaciones de hierro inmediatamente por debajo del suelo actual, hasta la zona más profunda del perfil donde aparecen los protolitos o roca madre.

Para la mayoría de los perfiles estudiados sobre el bloque Caacupé (ver fotografías a, b, c, d y e, de la Figura 4) se definieron cuatro zonas principales; una zona superior con espesores que varían entre 0.4 y 2 m, enriquecida con hierro, donde se observan ferricretas y estructuras concrecionales de varios centímetros que tienen forma nodular, discoidal o irregular Por debajo de este nivel supe-rior, aparece una zona intermedia de entre 1 a 2 m de espesor, con predominio de saprolito, la cual aparece generalmente moteada, mostrando una degradación física y química vertical ascendente. En los sectores más profundos de la zona intermedia, saprolitos que, en muchos casos, conservan las texturas propias de los protolitos. Asimismo, se registran variaciones en la forma e intensidad del moteamiento, rasgo diagnóstico que permite diferenciar en esta zona: una zona intermedia superior y una zona intermedia inferior.

Finalmente, en el segmento más profundo de estos perfiles se ha identificado la roca madre, con evidencias de alteración química. Si bien no se ha podido individualizar el contacto con la roca fresca, se asume que esta zona inferior del perfil suprayace al frente de meteorización química profunda.

Por otro lado, los 5 sitios con restos de perfiles de meteorización química profunda identificados en el bloque Caapucú, comparten las siguientes características físicas: la zona más profunda de los granitos de la Suite Magmática Caapucú se encuentra prácticamente inalterada, lo cual es interpretado como el frente de meteorización. 

Inmediatamente por encima, se observa el nivel más profundo de la zona intermedia, equivalente a la zona moteada de los perfiles en areniscas. En este caso, el saprolito generado a partir de granitos presenta una variable concentración de caolinita (ver fotografías f y g, de la Figura 4). Los niveles equivalentes a las zonas superiores de los perfiles de meteorización química en areniscas sobre el bloque tectónico Caapucú no han sido identificados en los relevamientos de campo y se concluye que los mismos podrían haber sido erosionados.

 

 

Figura 4. Perfiles de meteorización química profunda: a) Esquema de los perfiles de meteorización del Paraguay central, extraído y modificado de Ollier (2010). b, c y d) Zonas superior y media-superior de perfiles de meteorización ubicados al norte de la ciudad de Itacurubí de la Cordillera en el bloque Caacupé, desarrollados sobre: b y d) Tillitas del Carbonífero, c) Epiclastitas del Silúrico inferior.

e y f) Zonas superior y media-superior de perfiles de meteorización desarrollados sobre epiclastitas del Cretácico superior de la Formación Ybytymí en el bloque Central.

 

4.3.2. GEOFORMAS RELICTUALES DE METEORIZACIÓN QUÍMICA PROFUNDA

En el área de estudio se identificó un total de 130 sitios con geoformas relictuales de meteorización química profunda, incluyendo formas mayores como bornhadrts y formas menores como rocas nucleares (corestones), tors, gnammas, tafoni, grietas poligonales, rocas pedestales, entre otras. La abundancia de estas morfologías en las rocas ígneas del bloque Caapucú han definido auténticos paisajes graníticos, mientras que escenarios similares, psuedograníticos, en el sentido que otros autores le dan al término (Twidale y Lageat, 1994; Gavrilov, 2016), caracterizan a las areniscas del bloque Caacupé.

 

a) El paisaje granítico de Caapucú

En los alrededores de la localidad de Caapucú (26°14.012’S; 57°10.806’O), en un área de más de 1400 km2, sobre las rocas plutónicas/volcánicas ácidas de la Suite Magmática Caapucú, se ha desarrollado un típico paisaje granítico en el sentido de Vidal Romaní y Twidale (1998) y Twidale y Vidal Romaní (2005), caracterizado por el dominio de formas mayores y menores de distintos tamaños. Las formas menores más representativas son los corestones y boulders (ver fotografías f, g y h, de la Figura 5), que aparecen con diámetros entre 0.3 m y 30 m, muchas veces constituyendo tors desmantelados (ver fotografías a y e de la Figura 5). También son frecuentes los bloques hendidos de variados tamaños (ver la fotografía c, de la Figura 5).

Tanto corestones como boulders suelen presentar costras endurecidas de hasta 1 cm de espesor. Se han identificado, además, fracturas poligonales, cuadrangulares y pentagonales, algunas veces del tipo mosaico. Otras formas menores identificadas, menos frecuentes, son tafoni y gnammas.

Los bornhardts constituyen las formas mayores más abundantes. Pueden alcanzar alturas de hasta 150 m. La superficie de estos notables promontorios está, en la gran mayoría de los casos, cubierta por suelo y vegetación, condición que habría favorecido la conservación de las formas menores que suelen tapizarlos.

 

 

Figura 5. Formas relictuales menores de meteorización química profunda desarrolladas en las rocas de la Suite Magmática Caapucú. a y e) Tors desmantelados con grandes corestones en el centro de la ciudad de Caapucú. b) Tor desmantelado con grandes corestones al oeste de Caapucú. c) Corestones ubicados al oeste de Caapucú. d) Tor de dos niveles apoyada en un corestone de tamaño gigante

al norte de Caapucú. f y h) Corestones de diversos tamaños en Caapucú. g) Corestone en una posición de inestabilidad precaria en Caapucú, formando una PBR (Precariously Balanced Rock).



 

b) El paisaje pseudogranítico del Cerro Acahay

El Cerro Acahay (25°53’4.64”S; 57°10’23.69”O), una intrusión subcircular compuesta por plutonitas y volcanitas de la Suite Sapucai del Cretácico inferior integra parte de la Provincia Alcalina Central, se ubica en la porción norte del bloque Caapucú y posee un área cercana a los 14 km2, con una altitud entre los 350 y 550 m s. n. m.

Litológicamente, este macizo producto del emplazamiento magmático durante el proceso de formación del Rift de Asunción-Sapucai-Villarrica, se encuentra conformado por essexitas distribuidas periféricamente y gabros alcalinos (Comin-Chiaramonti et al., 1990), en el interior y en las partes más altas, volcanitas (traquibasaltos, traquiandesitas y traquitas).

Sobre su superficie se ha identificado un número muy amplio de formas menores de meteorización química profunda (Figura 6), corestones y boulders de dimensiones muy variadas (ver fotografías a y b, de la Figura 6), los cuales constituyen elementos relictos de tors desmantelados (ver fotografía a, de la Figura 6). Sobre la superficie de los corestones se identificaron costras endurecidas de algunos pocos centímetros de espesor (ver fotografía b, de la Figura 6), en algunos casos pudiéndose verificar fracturamientos poligonales desarrollados sobre las mismas. Se identificaron además tafoni de muy pocas dimensiones (ver fotografía c, de la Figura 6), además de rocas precariamente equilibradas (ver fotografía f, de la Figura 6).

 

 

Figura 6. Formas relictuales menores del Cerro Acahay. a) Corestones dispersos por el desmantelamiento de un tor. b) Corestones con costra de meteorización en proceso de desprendimiento. c) Corestones con tafoni de pequeñas dimensiones desarrollados sobre la

costra de meteorización. d) Vista interna del Cerro Acahay, con el cono central, señalando la posición de la etchplain en el horizonte. Superficie ubicada en el nivel superior en el bloque Caapucú (430 – 475 m s. n. m.). e) Vista desde la cima del Cerro Acahay en dirección SE. f) Corestones con la costra de meteorización en posición de inestabilidad precaria, conformando una PBR.



 

c) El paisaje pseudogranítico de la meseta de Tobatí

La meseta de Tobatí (25°17.480’S; 57°5.820’O) se ubica sobre el bloque Caacupé, posee una superficie cercana a los 10 km2 con 150 m de altura y una altitud de 230 m s. n. m. La litología dominante son las areniscas de la Formación Piribebuy del Grupo Caacupé. Seguramente el paisaje pseudogranítico desarrollado sobre la superficie de esta meseta sea el más rico y variado de toda el área de estudio. Las formas menores predominantes son las fracturas poligonales de hasta 50 cm de diámetro, muchas veces constituyendo cuadriláteros, pentágonos y hexágonos, con aspecto en mosaico.

La génesis de estas fracturas estaría asociada a la presencia de una costra endurecida de varios centímetros de espesor, pudiendo incluso superar los 30 cm (ver fotografía c, de la Figura 7). Las fracturas poligonales y las costras endurecidas tridimensionales muchas veces funcionan como estructuras protectoras de corestones y boulders, así como de los arcos naturales (ver fotografía a, de la Figura 7).

La erosión de las costras endurecidas donde se desarrollaron las fracturas poligonales en plataforma, ha dado lugar a pequeñas rocas pedestales que no superan los 30 cm de altura (ver fotografía c, de la Figura 7). Se han identificado además gnammas que alcanzan los 4 m de diámetro y profundidades de 40 cm (ver fotografía b, de la Figura 7). Otras formas menores muy comunes en este sector son los tafoni, inclusive del tipo honeycomb (ver fotografía d, de Figura 7).

Los bornhardts (ver fotografía f, de la Figura 7) son las formas mayores observables en la meseta. Aparecen tapizados por tafoni y fracturas poligonales. En ocasiones, en las laderas de la meseta se pueden observar otras formas menores como los rillenkarrens, formas menores con más de 30 m de longitud vertical (ver fotografía h, de la Figura 7). Otras formas observadas son los pilares pétreos, con alturas aproximadas de 3 m y diámetro de 2 m, junto con los arcos naturales (ver fotografía g, de la Figura 7). Todas estas geoformas presentan en su superficie costras endurecidas de entre 5 a 40 cm de espesor, sobre la cual se han desarrollado fracturas poligonales.

 

 

Figura 7. Formas relictuales mayores y menores de meteorización química profunda asociadas con el Cerro Arco. a) Arco natural del Cerro Arco, una forma de relieve que da nombre al cerro. b) Pared zapada asociada con la superficie del Cerro Arco. c) Pequeñas rocas de pedestal, no más de 50 cm de altura. d) Tafoni tipo honeycomb desarrollados dentro de un tafone mayor, ubicados en los laterales

del arco natural. e) Gnammas de más de 1 metro de diámetro, con algunas áreas que superan los 40 cm de profundidad. f) Bornhardt de más de 50 metros de altura, cubierto de tafoni y fracturamientos poligonales. g) Pilares de 4 metros de altura identificados en la cima de las mesetas. h) Rillenkarren ubicados en los laterales de las bornhardts, algunos con más de 30 metros de elongación. i) Fotografía aérea con drone del arco natural.



 

d) El paisaje pseudogranítico del Cerro Tren

El Cerro Tren (25°27.102’S; 56°56.819’O) en el bloque Caacupé, es un sitio con amplia distribu-ción de formas menores relictuales de meteorización química profunda, desarrolladas sobre las areniscas de la Formación Piribebuy del Grupo Caacupé. En la mayoría de los casos, las superficies se encuentran cubiertas por una costra endurecida de varios centímetros de espesor. Sobre esta costra aparecen estructuras poligonales de hasta 50 cm de diámetro, de formas triangulares, cuadrangulares, pentagonales y hexagonales.

Se identificaron, además, pequeñas rocas pedestales de no más de 15 cm de altura (ver fotografía i, de la Figura 8), producto de la erosión sobre las grietas. Sobre las costras endurecidas se han desarrollado también, gnammas y tafoni. Las gnammas no superan el metro de diámetro con profundidades muy someras de alrededor de 30 cm, mientras que los tafoni son pequeños, de no más de 10 cm de diámetro, apareciendo frecuentemente en agrupamientos del tipo honeycomb (ver fotografías b y c, de la Figura 8).

El único boulder identificado se corresponde con un bloque desprendido del Cerro Tren (ver fotografía a y d, de la Figura 8), el cual tiene una costra endurecida de varios centímetros de espesor y que debido a su condición de inestabilidad precaria termina conformando una Precariously Balanced Rock (ver fotografía d, de la Figura 8).

 

 

Figura 8. Formas relictuales mayores y menores de meteorización química profunda asociadas con el Cerro Tren. a) El Cerro Tren, una morfología relicta de alteración química, correspondiente a bloques de roca actualmente alineados (Gadea y Vázquez, 2021). b y c) Tafoni en los costados de la roca en una condición precaria. (b: Tafoni, c: Honeycomb). d) Fotografía del lado derecho de la roca en

una condición precaria. e) Fotografía del lado izquierdo del Cerro Tren, destacando estructuras tipo pináculo dentro del marco rojo. f) Pináculos, formas de relieve favorecidas por la disposición de los planos de estratificación de la roca. g) Fotografía del lado izquierdo de la roca en una condición precaria. h) Paisaje general en el área del Cerro Tren, observe las formas mamelonadas alargadas que se extienden por varios cientos de metros, probablemente favorecidas por alineamientos tectónicos. i) Rocas de pedestales de pequeño tamaño coronando una porción significativa de los afloramientos.

 

e) El paisaje pseudogranítico de Emboscada

En las inmediaciones de Emboscada (25°7.541’S; 57°22.330’O), en el extremo noroeste del bloque Caacupé, se ha desarrollado un paisaje pseudo granítico sobre las areniscas friables de la Formación Piribebuy del Grupo Caacupé. Las formas predominantes son corestones y boulders. Se trata de formas relictuales menores que en muchos casos superan los 2 m de diámetro (véase fotografía a de la Figura 9) y que, de manera sistemática, aparecen recubiertas por una costra endurecida con un espesor promedio de 5 cm. Algunos de los corestones y boulders conforman tors desmantelados (ver fotografía d, de la Figura 9). En estos se ha identificado algunos bloques hendidos (ver fotografía f, de la Figura 9). Se reconoció, además, algunas Precariously Balanced Rocks (ver fotografía c, de la Figura 9). La superficie de ciertos boulders de mayores dimensiones muestra pequeñas gnammas (ver fotografía e, de la Figura 9) que no superan los 10 cm de profundi-dad. Las grietas poligonales o pseudopoligonales, de pequeñas dimensiones, con formas de cuadriláteros o triangulares, con diseño en mosaico, también son frecuentes.

La superficie del área, sobre la cual aparecen las geoformas menores citadas, es de roca fresca escasamente alterada. Se muestra suavemente ondulada y se corresponde con la parte alta del frente de meteorización antiguo (ver fotografía a, de la Figura 9). La exposición de este elemento que constituye la base de los perfiles de meteorización, es relevante y en este caso, ha sido posible por la posición altitudinal elevada del paisaje asociado a un quiebre de la pendiente topográfica. En esta localidad no se han identificado grietas poligonales, como en otros sectores de la etchplain labrada sobre esta unidad litoestratigráfica.

 

 

Figura 9. Formas menores relictuales de meteorización química profunda asociadas a la Formación Piribebuy de Emboscada. a) Corestones cubiertos con fracturamientos poligonales en el frente de meteorización. b y c) Corestones sobre sus rocas de pedestales, ambas geoformas cubiertas por fracturamientos poligonales. d y f) Tor desmantelado. e) Gnamma de 30 cm sobre un núcleo.

 

f) El paisaje pseudogranítico de la Piedra Equilibrista de Paso Carreta

La Piedra Equilibrista de Paso Carreta (PEPC) se corresponde con un corestone (Rabassa et al., 2018, 2021; Colman et al., 2024), que se encuentra situado sobre una roca pedestal de la misma litología, encontrándose ambas geoformas separadas entre sí. El cuerpo superior está soportado por la roca pedestal a través de tres pequeños puntos de contacto en relación con el tamaño del cuerpo superior. Esta circunstancia le otorga una condición precaria de estabilidad (ver fotografía d, de la Figura 10).

Tanto el cuerpo equilibrado como el pedestal rocoso están cubiertos tridimensionalmente por una costra endurecida, que no excede los 10 cm de grosor. Se han identificado grietas poligonales en la costra (ver fotografía f, de la Figura 10). Estas formas menores presentan tamaños y profundidades variables. Algunas grietas tienen diámetros de (≥ 30 cm), mientras que otras son más pequeñas (≤ 5 cm), mostrando principalmente formas rectangulares a cuadrangulares, junto con otras formas más inusuales de tipo reniforme. En el área donde predominan las grietas reniformes también se desarrollan grietas en mosaico, consistentes en patrones poligonales de menor tamaño anidados dentro de grietas poligonales de mayor escala.

En el sitio asociado a la Piedra Equilibrista, se han identificado además otras geoformas menores relictuales de meteorización química profunda como rocas pedestales con más de 1,50 m de altura (ver fotografía c, de la Figura 10). También son relativamente abundantes las gnammas con varios centímetros de profundidad (ver fotografía e, de la Figura 10) mientras que los tafoni pequeños son menos usuales.

 

 

Figura 10. Formas relictuales de meteorización química profunda, mayores y menores, de Paso Carreta. a) Vista general de la Piedra Equilibrista. b) Zona de contacto entre la Piedra Equilibrista y su roca pedestal. c) Roca pedestal de más de 1 m de altura, a pocos metros de la Piedra Equilibrista. d) Puntos de contacto de la Piedra Equilibrista con su roca pedestal, demostrando su inestabilidad precaria (Rabassa et al., 2018, 2021; Colman et al., 2024). e) Gnamma de varios centímetros de profundidad en cercanía a la Piedra Equilibrista. f) Corestone con fracturamientos poligonales desarrollados en la costra de meteorización tridimensional. g) Bornhardt en areniscas,

a 3 km al norte de la Piedra Equilibrista.

 

g) El paisaje pseudogranítico al norte de Itacurubí de la Cordillera

Esta localidad está ubicada al norte de Itacurubí de la Cordillera (25°18.938’S; 56°51.890’O), sobre el bloque tectónico Caacupé, en un ambiente donde dominan las rocas sedimentarias devónicas de la Formación Arroyos y Esteros. Se concentran a una altitud promedio de 210 m s. n. m., las formas mayores y menores relictuales de meteorización química profunda. Las formas menores identificadas son principalmente, corestones y boulders con diámetros entre los 0.4 m y los 5 m, que en muchos casos se corresponden con tors desmantelados.

La gran mayoría muestra una superficie con fracturas poligonales de pequeñas dimensiones, con formas triangulares, cuadrangulares, pentagonales y hexagonales, usualmente con diseño de mosaico (ver fotografía c, de la Figura 11). En muchos casos se ha observado que estas fracturas se sobreimponen perpendicularmente a la dirección de la estratificación de las sedimentitas (ver fotografía a, de la Figura 11). Se identificaron además tafoni (ver fotografía b, de la Figura 11) de pequeñas dimensiones, que no superan los 20 cm de diámetro ocasionalmente del tipo honeycomb.

Formas mayores como bornhardts también han sido identificadas. Estos promontorios presentan laderas muy empinadas y alcanzan alturas cercanas a los 30 m. Su superficie se encuentra, usualmente, cubierta por costras endurecidas de varios centímetros de espesor, las que a su vez muestran el característico fracturamiento poligonal y tafoni del tipo honeycomb.

 

 

Figura 11. Formas menores relictuales de meteorización química profunda desarrolladas sobre areniscas devónicas de la Formación Arroyos y Esteros. a) Fracturamientos poligonales transversales a la estratificación en un bloque. b) Tafoni desarrollados sobre una roca pedestal. c) Tor desmantelado con una gran cantidad de fracturamientos poligonales en los corestones. d) Bloque en posición de

inestabilidad precaria con el desarrollo de tafoni sobre la costra de meteorización.



 

4.4. LA COSTRA ENDURECIDA EN LA PIEDRA EQUILIBRISTA DE PASO CARRETA

La costra endurecida de la Piedra Equilibrista de Paso Carreta es un elemento de mayor cohesión relativa que favorece la conservación de esta geoforma de la misma manera que lo hace con muchas otras similares en el área de estudio. Geoformas mayores y menores que no cuentan con esta duricostra protectora aparecen con rasgos de erosión significativa, con menor grado de conservación.

Los análisis mineralógicos realizados a la PEPC (Figura 12) tanto el interior del cuerpo (Gráfico de la Figura 12) como a la costra endurecida (Gráfica b de la Figura 12), muestran que los picos de mayor intensidad están asociados al cuarzo (~21°/ 4.22Å; ~26°/ 3.32Å; ~36°/ 2.44Å; ~39°/ 2.27Å). Por otro lado, también se observan picos de menores intensidades correspondientes a la fase cristalina de la caolinita (~12°/ 7.07Å; ~20°/ 4.40Å; ~25°/ 3.55Å), del feldespato potá-sico (~23°/ 3.76Å; ~24°/ 3.67Å; ~29°/ 3.01Å; ~36°/ 2.49Å) y goethita (~21°/ 4.11Å; ~26°/ 3.35Å; ~35°/ 2.54Å; ~37°/ 2.42Å).

 

 

Figura 12. Difractogramas de la muestra de la roca interior friable de interior del cuerpo (PECERS) y la muestra de la costra de meteorización (PECECA), mostrando los ángulos de difracción (2θ) representados en el eje horizontal “X” y las intensidades de difracción (intensidad relativa) representadas en el eje vertical “Y”. a) Muestra PECERS de la roca interior friable, donde se identificaron los minerales cuarzo (Qtz), caolinita (1), feldespato potásico (2) y goethita (Ght), mientras que la letra “s” encerrada en un cuadro simboliza la superposición de picos. b) Muestra PECECA de la costra de meteorización, donde se identificaron los minerales cuarzo (Qtz), caolinita

(1), feldespato potásico (2) y goethita (Ght), mientras que la letra “s” encerrada en un cuadro simboliza la superposición de picos.



 

Se identificaron semicuantitativamente las concentraciones químicas elementales (Al, P, Si, S, K, Ca, Ti, Fe, Cu, Sr, Zr y Ni) del interior rocoso en comparación con la costra (Figura 13). Los resultados muestran variaciones proporcionales positivas y negativas en la costra comparativamente con la roca friable del interior del cuerpo rocoso. Estas concentraciones aumentan de manera positiva y proporcional para el Al (~1.32), P (~2.16), K (~3.70), Ca (~2.43), Ti (~1.19), Fe (~2.79), Sr (~2.43) y Zr (~2.06). Por otro lado, se registraron variaciones proporcionales negativas en Si (~1.17) y Cu (~1.04), mientras que S y Ni, sólo fueron detectados en la costra.

 

 

Figura 13. Composición elemental mayoritaria de las muestras de la roca interior friable (PECERS) y de la costra de meteorización (PECECA). a) Tabla de los elementos mayoritarios principales en la muestra de roca interior friable comparada con la muestra de lacostra de meteorización, con los datos expresados en porcentaje peso (wt %), mostrando un aumento en los valores de concentración

en la costra de meteorización de algunos elementos. b) Espectrogramas de la muestra de la roca interior friable. c) Espectrogramas de la muestra de la costra de meteorización.

 

Microscópicamente, en la muestra de roca sana a la que se denominó PECERS (Piedra equilibrista, cuerpo en equilibrio, roca sana) del interior del cuerpo en equilibrio, se observan cristales de cuarzo redondeados a subredondeados (≥ 2 mm), soportados por clastos con una cementación silícea y muy friable. Se observa además la presencia de óxidos de hierro intersticiales, que no superan el 3 % según la comparación porcentual de minerales opacos (ver imagen a, de la Figura 14). No se observan formaciones nodulares ni otros tipos de cristales o precipitados y ocasionalmente se identifican cristales de feldespato potásico (ortoclasa).

En la muestra de la costra endurecida PECECA (Piedra equilibrista, cuerpo en equilibrio, costra de alteración), se observan cristales de cuarzo redondeados a subredondeados (≥ 2 mm), junto con la presencia de óxidos de hierro intersticiales, que varían entre un 10 % y un 15 % (ver imagen b, de la Figura 14). Esto resulta en un aumento de la consolidación de la roca, haciendo que el carácter friable de la roca original sea prácticamente inexistente.

A través de imágenes del MEB, se observó a la roca sana (PECERS) con los detritos enteros y no fragmentados (ver imagen c, de la Figura 14), y en algunos casos se observaron marcas de ablación química en las caras de ciertos detritos de cuarzo (ver imagen e, de la Figura 14), mientras que en la muestra de la costra (PECECA), se observan a los detritos altamente consolidados con poros significativamente reducidos en comparación con la porción friable (ver imagen d, de la Figura 14). Como resultado de la precipitación química, la muestra exhibe un carácter cristalino, lo que hace imposible obtener imágenes de detritos enteros y no fracturados.

 

 

Figura 14. Fotografías e imágenes de las muestras de roca fresca friable (PECERS) y costra de meteorización (PECECA) obtenidas mediante microscopía óptica y SEM. a) Fotografía de la muestra PECERS tomada con un microscopio óptico de polarización a 40x de magnificación. b) Fotografía de la muestra PECECA tomada con un microscopio óptico de polarización a 40x de magnificación. c) Imagen

obtenida por SEM de la muestra PECERS. d) Imagen obtenida por SEM de la muestra PECECA. e) Imagen obtenida por microscopía electrónica de barrido de la muestra PECERS. f) Imagen obtenida por microscopía electrónica de barrido de la muestra PECECA.



 

5. Discusión

5.1. LA CONVERGENCIA GEOMORFOLÓGICA: PAISAJE PSEUDOGRANÍTICO Y SUS GEOFORMAS

La convergencia geomorfológica es un tipo de evolución del paisaje, en el cual se generan geoformas similares luego de que distintos procesos morfogenéticos, en distintos contextos climáticos, actúan sobre un mismo tipo de roca (Phillips 1999; Twidale y Lageat, 1994) o cuando un mismo proceso geomorfológico, actuando sobre distintos tipos de roca produce un paisaje similar (Campbell y Twidale, 1995a, 1995b; Twidale y Vidal Romaní, 2005). También, la convergencia puede ocurrir entre geoformas de orígenes distintos que, debido a la acción de factores comunes dentro del sistema, desarrollan rasgos morfológicos similares (Gavrilov, 2016).

En el Paraguay central, además de los paisajes graníticos (Colman et al., 2018, 2019) similares o idénticos a los clásicos descritos por otros autores para localidades extracontinentales con dominio de rocas plutónicas (Twidale, 1982; Vidal Romaní y Twidale, 1998; Twidale y Vidal Romaní, 2005, entre otros), existen numerosos afloramientos de rocas sedimentarias, inclusive volcánicas, cuyos aspectos muestran grandes similitudes con estos paisajes graníticos, lo que estaría constituyendo un ejemplo de convergencia geomorfológica.

Las rocas involucradas son las sedimentitas de la Formación Piribebuy del Ordovícico (Rabassa et al., 2018, 2021; Gadea y Vázquez, 2021; Colman et al., 2022; Gadea et al., 2023), las del Grupo Asunción del Cretácico (Celabe et al., 2023) y las volcanitas de la Formación Alto Paraná del Cretácico (Sarubbi et al., 2024). Sobre las superficies, usualmente aplanadas, de estas rocas no-plutónicas se ha desarrollado una gran cantidad y diversidad de geoformas mayores y menores típicas de los terrenos graníticos, entre las que se destacan corestones, tors, tafoni, gnammas, arcos naturales e incluso bornhardts.

El origen meteorítico, químico y subsuperficial de estas geoformas se confirma, por la presencia de las costras endurecidas y los perfiles lateríticos relictuales, dispersos sobre estas rocas entro y fuera del área de estudio. Este proceso morfogenético se ajusta al modelo denominado “evolución del paisaje en dos etapas” (Twidale, 1980, 1990, 1999, 2002, 2007; Campbell y Twidale 1995b; Vidal Romaní y Twidale, 1998; Twidale y Vidal Romaní, 2005) que consiste en, el ingreso de agua meteórica por las fracturas de la roca, generando la gradual reducción del tamaño de los bloques por descamación y pérdida de las aristas, favoreciendo el desarrollo del saprolito y del correspondiente perfil de meteorización. Posteriormente, modificaciones en el clima o la actividad tectónica, favorecen la erosión del perfil de meteorización exponiendo el frente de meteorización con sus geoformas relictuales.

Algunas de estas geoformas convergentes ya fueron mencionadas. Por ejemplo, los corestones, tors, gnammas, rocas pedestales y arcos naturales de las areniscas del Grupo Caacupé (Rabassa et al., 2018, 2021; Gadea y Vázquez, 2021; Colman et al., 2022; Gadea et al., 2023), los tafoni y fracturas poligonales de las areniscas del Grupo Asunción (Celabe et al., 2023) y los corestones desarrollados sobre las volcanitas de la Formación Alto Paraná del Cretácico (Sarubbi et al., 2024). Otras son reportadas en este trabajo por primera vez y se corresponden con los tafoni, rillenkarrens y los bornhardts de las areniscas de la Formación Piribebuy del Ordovícico del Cerro Arco en la ciudad de Tobatí (Figura 7), las rocas pedestales, honeycombs y las costras endurecidas de las areniscas de la Formación Piribebuy del Cerro Tren (Figura 8), el campo de corestones y las geoformas asociadas de las areniscas de la Formación Piribebuy en la ciudad de Emboscada (Figura 9), la roca pedestal, la costra endurecida y las fracturas poligonales de la Piedra Equilibrista de Paso Carreta (Figura 10) y los cores-tones, tafoni y fracturas poligonales de las areniscas del Devónico (Figura 11).

Las observaciones y los ejemplos ofrecidos en la literatura respaldan la idea que los procesos conducentes a la convergencia geomorfológica en el Paraguay central son semejantes a los observados en otros contextos geológicos. De hecho, los ejemplos de los relictos de etchplain y las geoformas convergentes asociadas, pueden ser interpretados como un “paisaje pseudogranítico” similar al que identificaron Aguilera et al. (2014, 2017), Martínez y Rabassa (2014a, 2014b) y Martínez et al. (2022) en la República Argentina, en estos casos sobre rocas piroclásticas.

Los ejemplos de geoformas convergentes mencionados en este trabajo, en el oriente paraguayo, se enmarcan en un universo más amplio que involucran, en otras regiones, a los bornhardts (Twidale, 1982; Twidale y Vidal Romaní, 2005), cuevas y arcos naturales (Twidale y Centeno, 1993), honeycombs (Bruthans et al., 2018), rocas pedestales (Migoń, 2021) y fracturamientos poligonales (Vanthangliana et al., 2020). En Argentina, se han descrito geoformas convergentes en la Formación Cerro Colorado del Mesozoico, en la Reserva Natural y Cultural Cerro Colorado de la Provincia de Córdoba (Boretto et al., 2021, 2024) y los ya mencionados paisaje pseudograníticos en las ignimbritas de Lihuel Calel (Aguilera et al., 2014, 2017), en las ignimbritas de Portezuelo, Pilcaniyeu, Barba Colorada y Chon Aike (Aguileta et al., 2017) y las ignimbríticas del Complejo Volcánico Marifil (Martínez y Rabassa, 2014a, 2014b; Martínez et al., 2022).

La convergencia geomorfológica y sus corres-pondientes geoformas convergentes, como productos de un determinado proceso geomorfológico actuando sobre distintos tipos de materiales geológicos, constituyen un desafío intelectual para la geomorfología clásica que enriquece la interpretación genética de los paisajes. En este sentido, los numerosos y variados ejemplos de estos contextos naturales en el Paraguay central resultan en excelentes oportunidades para la generación de conocimiento científico.

 

5.2. CORRELACIÓN DE LAS PALEOSUPERFICIES

El reconocimiento e inventariado de los relictos de superficies planares realizado en el marco del presente trabajo y su posterior agrupamiento, ha permitido reconocer cuatro niveles de paleosuperficies distintas, de los cuales tres son interpretadas como superficies grabadas o etchplains (Figura 15). Los criterios utilizados fueron: a) la concordancia altitudinal, b) la presencia de geoformas indicadoras de meteorización química profunda (Twidale, 1982, 1987, 2009; Vidal Romaní y Twidale, 1998; Twidale y Vidal Romaní, 2005, 2004; Thiry, 2005) y c) la presencia de restos de niveles relictuales de alteritas incluyendo niveles de duricostras (Raj, 1985; Twidale, 1987; Vidal Romaní y Twidale, 1998; Migoń y Lidmar-Bergström, 2002; Ollier y Bourman, 2002; Migoń, 2013).

 

 

Figura 15. Mapa de análisis e interpretación de paisajes, mostrando los diferentes niveles de las superficies grabadas en relación con los bloques tectónicos y el Rift de Asunción-Sapucai-Villarrica (RASV).

 

La identificación manual de las superficies planares mediante el análisis de los modelos digitales de elevación, ha permitido determinar la extensión, forma, pendiente y altitud de los remanentes de estas paleosuperficies. Esta metodología ha sido útil y apropiada, aunque conlleva un error significativo para calcular con precisión el último parámetro mencionado. Sin embargo, esto no implicó una limitación para obtener correlaciones altitudinales confiables. Por ejemplo, en el bloque Caapucú (Figura 16), el nivel inferior (130 - 150 m s. n. m.) y el siguiente (170 - 210 m s. n. m.) están separados verticalmente por unos pocos metros mientras que la diferencia altitudinal entre el nivel superior (430 - 475 m s. n. m.) y el inmediatamente inferior (170 -210 m s. n. m.) es de varias decenas de metros.

Considerando que el desplazamiento vertical entre los cinco bloques tectónicos que componen el área de estudio no ha sido establecido, la mencionada correlación altitudinal se determinó entre niveles de un mismo bloque y agrupó dentro de cuatro categorías: inferior, intermedio inferior, intermedio superior y superior (Tablas 1 y 2), las cuales no deben ser consideradas equivalentes cuando se analizan distintos bloques.

Los corestones, tors y estructuras de exfoliación, entre otras, son las geoformas típicamente utilizadas para el reconocimiento de una etchplain (Twidale, 1982, 1987, 2009; Twidale y Vidal Romaní, 2005, 2004). También las laderas cóncavas, las superficies con gnammas, rocas pedestales (Ollier y Bourman, 2002; Twidale y Vidal Romaní, 2004; Vidal Romaní y Twidale, 1998) inclusive determinados fracturamientos poligonales constituyen evidencia sólida e indiscutible del proceso morfogénico en condiciones subsuperficiales (Thiry, 2005). Estas son las geoformas que, utilizadas en este trabajo como indicadoras, permitieron determinar la génesis de un número importante de los remanentes de superficies planares identificados. Tal es el caso de los tafoni y las fracturas poligonales sobre las areniscas del Grupo Asunción del Cretácico superior (Celabe et al., 2023) que, en el bloque Asunción, confirman que el nivel superior se corresponde con una etchplain.

Los relictos de perfiles de meteorización y las duricostras asociadas a ellos, constituyen otros de los elementos característicos de las etchplains y el hecho de que no existan homólogos activos en la actualidad indica que su origen se remite, a las condiciones ambientales, cálidas y húmedas, del Mesozoico y el Paleógeno (Migoń y Lidmar-Bergström, 2002; Migoń, 2013, entre otros). De manera independiente o asociados a las geoformas indicadoras ya mencionadas, los niveles de estas alteritas han permitido también determinar el origen meteórico de varias de las paleosuperficies.

Los tres niveles inferiores del bloque Caacupé (Figura 16) son interpretados en este trabajo como restos de etchplains (Figura 15). En los niveles inferior e intermedio inferior se concentra la gran mayoría de los perfiles lateríticos relictuales individualizados, mientras que el nivel intermedio superior (230 - 290 m s. n. m.), presenta una variedad importante de geoformas indicadoras tanto mayores como menores.

 

 

Figura 16. Perfil topográfico A - A’ de la Figura 15, mostrando las relaciones altitudinales entre las superficies grabadas relictuales en el bloque de Caacupé.



 

En el bloque Caapucú se identificaron tres niveles de superficies de planación (Figura 17), interpretados como restos de etchplains. En todos los casos se identificaron una gran cantidad de geoformas relictuales y restos de perfiles lateríticos relictuales, caoliníticos.

 

 

Figura 17. Perfil topográfico B - B’ de la Figura 15, mostrando las relaciones altitudinales entre las superficies grabadas relictuales en el bloque de Caapucú.

 

Ninguno de los cuatro niveles que se han cartografiado en el bloque Cerro Verá ha sido, a criterio de los autores, lo suficientemente relevado en el campo y esta puede ser una de las razones por la cual no se han identificado aún ni geoformas ni restos de alteritas que indiquen un origen meteórico para dichas paleosuperficies, por lo cual, los cuatro niveles son interpretados como superficies de planación en sentido amplio.

La correlación altitudinal de los niveles identificados y su interpretación genética a partir de la presencia o no de indicadores geológicos debe considerarse confiable. Por otro lado, debería evitarse cualquier correlación entre los niveles de bloques tectónicos distintos, considerando el escaso conocimiento que existe sobre el comportamiento dinámico de estas grandes unidades de roca, por lo menos para el lapso aquí considerado.

 

5.3. SOBRE LA EDAD DE LA METEORIZACIÓN QUÍMICA PROFUNDA EN EL PARAGUAY CENTRAL

No ha sido objetivo de este trabajo establecer la cronoestratigrafía de los niveles de planación reconocidos en el área de estudio. Sin embargo, la correlación altitudinal obtenida y la correspondiente identificación de elementos indicadores de meteorización subsuperficial, en cada uno de los bloques tectónicos estudiados, permiten proponer, de manera tentativa y preliminar, un ordenamiento temporal, al menos para las superficies interpretadas como etchplains.

Para ello se ha tomado como referencia la premisa, en un primer análisis y de la misma manera que para las terrazas fluviales, que el nivel superior es anterior, más antiguo, que el inmediatamente inferior (Howard et al., 1968). Esto implicaría que en el área de estudio se sucedieron al menos tres episodios o eventos de intensa y/o prolongada meteorización química bajo condiciones de alta temperatura y humedad. Si este fuera el caso, la edad Aptiano/Hauteriviano asignada al intrusivo del Cerro Acahay (Comin Chiaramonti et al., 1990; Gomes et al., 1991; Green et al., 1991; Velázquez et al., 1992, 1996) es la edad máxima para el evento o el lapso durante el cual se generó el perfil de meteorización y las geoformas indicadoras de la etchplain del nivel superior (entre 430 y 475 m s. n. m., Tabla 2 y Figura 17). Siendo más jóvenes, probablemente del paleógeno los otros dos niveles, el nivel inferior (30-150 m s. n. m.) y el nivel intermedio (170 - 210 m s. n. m.) del bloque Caapucú, al igual que la exhumación del frente de meteorización.

Si, por otro lado, el desarrollo de los perfiles de meteorización química profunda de la región, se debiera a la instalación de las citadas condiciones hipertropicales, durante un único lapso de relativa tranquilidad tectónica, los niveles con indicadores de meteorización química aquí determinados, formarían parte de una única e irregular etchplain, cuyo escalonado relieve se debería, quizás, a la influencia de la estructura e inhomogeneidades de las rocas sedimentarias afectadas.

En cualquier caso, sea uno o varios los lapsos generadores de niveles profundos de perfiles de meteorización, los mismos tienden a coincidir con un momento de la historia de la Tierra (desde el Cretácico inferior alto al Paleógeno) que se dis-tingue por condiciones ambientales extremas, sin equivalentes en la actualidad (Ollier, 1992, 2014; Barron et al., 1993; Tajika, 1999; Carvalho, 2010; Brea y Zucol, 2011; Rabassa et al., 2010; Rabassa, 2014). Condiciones similares se propo-nen para el interior continental en la Cuenca del Paraná Occidental, donde se localiza el Paraguay Oriental y nuestra área de estudio, para el mismo lapso, cuando el clima experimentó cambios muy significativos, pasando de cálido y húmedo al final del Cretácico, a semiárido y estacional durante el Paleoceno (Tófalo y Pazos, 2010; Tcacenco-Manzano et al., 2024).

 

5.4. LAS DURICOSTRAS

El término duricostra se utiliza para designar, de forma general, a una costra endurecida que se presenta en capas cerca de la superficie terrestre y que se clasifica según el agente cementante dominante (calcretas, silcretas, alcretas, ferricretas y gipcretas) (Lamplugh, 1902; Mottershead y Pye, 1994; Dorn, 2004; Nash y McLaren, 2007). Se originan por induración asociada a aguas meteóricas que generan la precipitación de compuestos químicos intersticiales y la reducción de la porosidad de la roca. No presentan equivalentes modernos y se asocian a largos periodos de estabilidad en el pai-saje (Mottershead y Pye, 1994; Dorn, 2004; Nash y McLaren, 2007).

En el área de estudio se identificaron duricos-tras de composición férrica o ferricretas en sedimentitas de distintas edades. Sobre las ordovícicas del Grupo Caacupé, sobre las silúricas del Grupo Itacurubí, sobre las devónicas de la Formación Arroyos y Esteros y sobre la Formación Coronel Oviedo del Carbonífero superior. Más allá de su significado genético, estas duricostras, por su alta resistencia relativa a la erosión, tienen un rol relevante en el modelado del paisaje.

Muchas de las geoformas relictuales indicadoras, tanto menores, como los corestones, boulders y tors y mayores, como los bornhardts, expuestas desde hace millones de años, deben su buen estado de conservación a la presencia de estas duricostras.

Con el objetivo de aportar mayor información sobre estos característicos niveles de alteración, se presentan algunos resultados analíticos para una localidad geológica y turísticamente emblemática de la región, la Piedra Equilibrista de Paso Carreta. Los resultados mineralógicos y químicos muestran un notable contraste entre el interior de la roca y la costra endurecida externa. Mientras que en ambas porciones es evidente el predominio de fases cristalinas de cuarzo y goethita, el enriquecimiento relativo de elementos como el Al, K, Ca, Ti, Fe, Sr y Zr en la costra, indica que esta última, actuó como una zona de precipitación. La presencia de fases minerales de goethita responde a entornos supergénicos de precipitación de hierro, siendo la goethita junto con la hematita los minerales característicos (Alexandrowicz y Pawlikowski, 1982; Alexandrowicz et al., 2014).

El proceso de precipitación probablemente se generó sobre los planos de fractura preexistentes, similar al sistema ortogonal descrito para los terrenos graníticos. La combinación de la friabilidad y permeabilidad de la roca pudo haber favorecido las condiciones necesarias para una cristalización más eficiente, reduciendo la permeabilidad hacia el interior del cuerpo rocoso. La microscopía óptica y electrónica refuerzan esta interpretación debido a que, en el interior del cuerpo, los detritos de cuarzo aparecen apenas cementados (ver imágenes c y d, de la Figura 14). En cambio, en la costra endurecida, el incremento de opacos intersticiales es muy notable, reduciendo significativamente la porosidad y aumentando su resistencia (ver imágenes a y b, de la Figura 14). Esta característica evidencia que el proceso de cementación fue por ferritización y no por silicificación, como lo interpretan Dionisi et al., (1999), Gadea y Vázquez, (2021); Celabe et al., (2023); Gadea et al., (2023).

La costra endurecida adquiere relevancia en la conservación de la Piedra Equilibrista de Paso Carreta, debido a que el interior del cuerpo rocoso presenta baja cementación, lo que explica su carácter friable y su fragilidad frente a los agentes erosivos. La presencia de la duricostra puede explicar su supervivencia prolongada, incluso después de su completa exhumación (Figura 18). Esta interpretación genética parece ser válida para las geoformas de la Formación Piribebuy del Grupo Caacupé, aunque no debería descartarse que un proceso de alteración y cementación similar se haya dado en las otras unidades sedimentarias del área. Sin embargo, el entorno sedimentario de la Formación Piribebuy no estaría justificando, por sí solo, la abundante disponibilidad de hierro dentro del sistema. Por ello se evalúa como posible que sea el entorno del Cerro Acahay, muy próximo a la Piedra Equilibrista de Paso Carreta (Figura 1), el aportante de estas soluciones férricas. La meteorización química profunda de las plutonitas/ volcanitas de ese cuerpo intrusivo podría haber generado aguas meteóricas ricas en hierro que, luego de la lixiviación, migraron lateralmente, hasta las inmediaciones de PEPC.

 

 

Figura 18. Esquema evolutivo propuesto para la Piedra Equilibrista de Paso Carreta, geoformas relictuales desarrolladas a debido a la meteorización química profunda y asociado con la “evolución del paisaje en largos periodos de tiempo geológico” y a la evolución del paisaje en dos etapas”. a) Disposición original subsuperficial del bloque que formaría la Piedra Equilibrista, limitado tectónicamente por fracturas. b) Pérdida progresiva de las aristas, proceso que redondea los bloques desarrollados previamente. c) Disposición de la Piedra Equilibrista en la subsuperficie con la morfología final impresa, sin conferir el estado de precariedad debido a la exhumación

incompleta. d) Disposición final de la Piedra Equilibrista con la precariedad adquirida después de su completa exhumación, formando una PBR.

 

Un aspecto que resulta interesante considerar es que el efecto geomorfológico sobre los afloramientos de arenisca que introducen las duricos-tras en la PEPC constituye un ejemplo inverso a los ejemplos previstos para la evolución de los paisajes producto de la meteorización subsuperficial (Ollier, 1971; Vidal Romaní y Twidale, 1998; Twidale y Vidal Romaní, 2005), en los cuales el material rocoso más deleznable se ubica en las porciones más externas de las geoformas, mien-tras que la roca sana o inalterada y más resistente, se ubica en los interiores de las geoformas.

 

6. Conclusión

Se ha elaborado un mapa geomorfológico, a escala regional, que constituye la primera contribución sobre esta temática para el Paraguay central. La gran mayoría de la superficie relevada se corresponde con paisajes de origen fluvial, de ambiente tanto pedemontano como encausado, funcionales y no-funcionales. También se identificaron sectores de paisaje estructural, controlado por la estructura primaria de la roca. Cuando la escala de trabajo lo ha permitido, se han indicado estructuras y geoformas endógenas como algunas intrusiones ígneas. Sin embargo, una de las geoformas más característica del área relevada son los relictos de superficies de planación. Estos numerosos sectores horizontales se distribuyen de manera escalonada, a diferentes alturas, dentro de los distintos bloques tectónicos que componen la región, afectando distintos tipos de litologías. Sobre muchos de estos remanentes de auténticas paleosuperficies se observan las características geoformas indicadoras de meteorización química profunda las que, junto con los restos de perfiles de meteorización, permiten interpretarlas como superficies grabadas o etchplains.

El o los episodios de intensa meteorización química profunda responsables de la génesis de estas geoformas se habrían iniciado con posterioridad al Cretácico inferior tardío y habrían finalizado, aparentemente, durante el Paleógeno. Esta interpretación resulta consistente con los escenarios paleoclimáticos propuestos por otros autores para esta y diversas regiones del mundo. Vinculado a estos procesos, se destacan en la región, especialmente en los afloramientos de rocas detríticas, niveles de costras endurecidas de hierro que han influido significativamente en la evolución geomorfológica del paisaje.

La información generada en el marco de este trabajo confirma la importancia morfogenética que los procesos de meteorización química profunda y la posterior exhumación de los correspon-dientes frentes de meteorización han tenido en el Paraguay central y también exponen la necesidad de avanzar con estudios más profundos y detallados en otras áreas del Paraguay Oriental, sobre estos singulares paisajes gondwánicos.

 

Contribuciones de los autores

(1) Conceptualización: CFC, OAM, FSBL, JR, EYA; (2) Análisis o adquisición de datos: CFC, EZH, YSJ, MMM, CS; (3) Desarrollo metodológico/técnico: CFC, OAM, YSJ, NC, EZH, MMM, CS; (4) Redacción del manuscrito original: CFC, OAM; (5) Redacción de manuscrito corregido y editado: CFC, OAM, FSBL, JR, YSJ, EYA, NC, MMM, EZ; (6) Diseño gráfico: CFC; (7) Trabajo de Campo: CFC, YSJ, NC, EYA, OAM, FSBL; (8) Interpretación: CFC, OAM, JR, FSBL, EYA.

 

Financiamiento

A los proyectos de investigación PINV01-111 (“Geomorfología en Areniscas: Desarrollo de Perfiles de Alteración y el Potencial de las Geoformas como Atractivos Geoturísticos, 2024-2026”), PINV18-16 (“Mapa Geológico de la República del Paraguay. Hoja 5570 ITACURUBÍ DE LA CORDILLERA, 2020-2021”), y PINV15-766 (“Paisajes Gondwánicos del Paraguay Oriental, 2017-2019”), financiados por el CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) y la FACEN (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad Nacional de Asunción), a través del FEEI (Fondo para la Excelencia de la Educación y la Investigación).

 

Agradecimientos

Agradecemos a la Ing. Andrea Maldonado y al MSc. Pablo Cassanova por las mediciones por FTIR y SEM realizadas en el Laboratorio de Biomateriales de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción. Se agradece al Lic. Derlis Vera, Lic. Federico Argüello, Lic. Noelia Benítez, Lic. Yamila Bogarín, MSc. Néstor Salinas, Lic. Sofía Argüello, Lic. Giovanni Zucchini, Tec. Ricardo Souberlich, Sr. Hilario Ramoa, Sr. Tobías Núñez y Sr. Sebastián Morán por su asistencia en el campo y a la Sra. Herminia Giménez del establecimiento Paso Carreta, por otorgar los permisos para el acceso al área de trabajo. Se agradece a los revisores y editores pues sus observaciones han permitido mejorar sustancialmente el trabajo original.

Conflicto de intereses

Los autores de este trabajo no tienen conflictos de interés respecto a la información proporcionada en este manuscrito.

 

Editora a cargo

Grace Bungenstab Alves.

 

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La revisión por pares es responsabilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Este es un artículo Open Access bajo la licencia CC BY- NC-ND (https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/)