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BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOLÓGICA MEXICANA

Vol 60, Núm.. 2, 2008, p. i-ii

http://dx.doi.org/10.18268/BSGM2008v60n2x1

In Memoriam Dr. Armando García Palomo (1961–2008)

 Armando García Palomo nació el 5 de septiembre de 1961 en la Ciudad de México, en donde realizó sus estudios de educación básica, media y superior. En 1980, ingresó a la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional, en la rama de Ciencias de la Tierra. Después del primer año de estudios, llamados en aquél entonces tronco común, Armando decidió seguir la carrera de Geología. Durante la misma, Armando se distinguió entre sus compañeros por su pasión natural por la Geología que, al correr de los años, se centró en la Tectónica y la Geología Estructural. En 1985, concluyó satisfactoriamente los créditos de la carrera y se graduó en 1986 con la tesis titulada "Interpretación estructural del Valle Uzpanapa, Veracruz".

Durante los años siguientes, Armando (o Palomo, como muchas personas lo conocían) prestó sus servicios en varias compañías privadas (Geoevaluaciones, GYMSA y Moro, entre otras) especializándose en el área de Geología Estructural, que se convirtió en su verdadera pasión. En 1995, nueve años después de haber egresado de la carrera, Armando ingresó al Posgrado del Instituto de Geofísica de la UNAM, para realizar estudios de Maestría entre 1995 y 1998. Su investigación se centró en el Volcán Nevado de Toluca en el Estado de México, del cual realizó el mapa geológico y determinó la evolución estructural de la región. En 1998, Armando inició sus estudios de doctorado en el Posgrado en Ciencias de la Tierra, que concluyó satisfactoriamente en el año 2002, esta vez estudiando la región volcánica de Apan, ubicada en los estados de México, Hidalgo y Tlaxcala. Asimismo, Armando obtuvo el mapa geológico de esta región, desentrañando su evolución volcánica y estructural. Los resultados de su trabajo fueron publicados en varias revistas nacionales e internacionales. Durante estos años, Armando centró sus estudios en la geología estructural de las rocas volcánicas, los procesos de fallamiento e indicadores cinemáticos así como la relación entre fallas y vulcanismo convirtiéndose en un especialista en los temas dando paso al inicio de su carrera académica en el Departamento de Geología Regional del Instituto de Geología de la UNAM. A partir de entonces, Armando publicó importantes contribuciones a la geología de los volcanes Nevado de Toluca, Campo Volcánico de Apantezontepec, Chichón, Tacaná, Sierra de las Cruces, la Sierra Nevada, la Cuenca de México y muchas otras áreas del país. En el tiempo que Armando estuvo dedicado a la UNAM como investigador, siempre se destacó por ser una persona honesta, dedicada, trabajadora y en la mejor disposición para ayudar a sus colegas. Como profesor se desvivía por transmitir sus conocimientos a los estudiantes. Desde su ingreso al Instituto de Geología, Armando estuvo ligado al Servicio Geológico Metropolitano, del que se convirtió en responsable académico. No sólo eso, llegó a convertirse en el alma del Servicio, teniendo que lidiar no sólo con la difícil geología urbana del área metropolitana de la Ciudad de México sino con la aún más difícil y eventualmente incomprensible política de las instituciones. Su dedicación y la de aquéllos a su alrededor suplió con creces la incomprensión y negligencia que halló en algunas instituciones políticas. Armando entendió como pocos la necesidad de vincular el quehacer académico con las necesidades de la sociedad, que es la forma en que debemos de entender que está formulada la mera función y existencia del Servicio Geológico Metropolitano.

El vacío que Armando deja como académico y maestro es muy difícil de cubrir. Sin embargo, sembró muchas semillas de su pasión por la Geología y el conocimiento científico entre los numerosos estudiantes a los cuales impartió clases y asesoró en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del IPN, en el Posgrado en Ciencias de la Tierra de la UNAM, en la Escuela de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Guerrero en Taxco, e inclusive en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en donde fue profesor fundador de la Maestría sobre Desastres. A todos los curiosos de la geología estructural y la cartografía geológica Armando facilitó la comprensión de la deformación de rocas volcánicas asociadas a los arcos volcánicos mexicanos, por medio de sus famosos sigmoides y tectoglifos.

Las dos grandes instituciones a las cuales Armando dedicó sus últimos años (el IPN y la UNAM) estarán siempre agradecidas por su seriedad, profesionalismo y dedicación. Estos rasgos se manifestaban en su trabajo cotidiano, ya que hizo importantes aportaciones científicas, motivó e impulsó el desarrollo académico de una multitud de alumnos en distintos niveles académicos y participó de manera constructiva en las labores institucionales que le fueron encomendadas. Todo esto con su característica bonhomía, buen humor y fuerte carácter.

Armando dejó atrás tres grandes amores: su familia, compuesta por su esposa Soledad e hijos Hugo, Diego y Daniela; la Sierra de las Cruces, lugar que estudió con dedicación y en donde pidió a su esposa que fueran esparcidas sus cenizas; y al Atlante, el equipo de sus sueños, al que tuvo la dicha de ver campeón.

Armando fue un trabajador cumplido y responsable; lo sabemos porque dejó muchas tareas recién cumplidas justo durante la semana anterior a su muerte: un arbitraje para la Revista Mexicana de Ciencias Geológicas, la revisión como sinodal de un estudiante de maestría del Posgrado en Ciencias de la Tierra de la UNAM y la corrección de las pruebas de galeras de un artículo suyo para la Revista Mexicana de Ciencias Geológicas. Su trabajo como promotor de la Geología Urbana, de cuyo estudio fue pionero en México, además de su enorme labor en el Servicio Geológico Metropolitano, se ve reflejado en su trabajo como coeditor de una serie de tres números especiales sobre el tema en el Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana. Como miembro del Comité Editorial de esta centenaria revista desde 2005 asumió como propia la tarea de hacer crecer al Boletín en calidad y cantidad, con su trabajo y entusiasmo. Éstos constituyeron un puntal de apoyo decisivo para los logros que venimos cosechando a nivel editorial en el Boletín durante los últimos años.

Su prematura desaparición en pleno florecimiento de su carrera a raíz de un lamentable accidente supone una sensible pérdida para la comunidad geológica de México.

Descanse en paz.

José Luís Macías, Gustavo Tolson, Susana Alaniz,
Antoni Camprubí, Víctor Hugo Garduño, Isabel Israde

 

Ciudad de México – Querétaro – Morelia,
Septiembre de 2008